Hasta luego, cocodrilo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuarenta y siete años pasaron. Cuarenta y siete y he resuelto un intríngulis, aparentemente indescifrable y con el mínimo esfuerzo, (porque me lo dijo mi amigo Paco), jajaja. . No como Colombo, que desde el minuto uno ya sabía quién era el asesino, porque no dejaba de darle la chapa hasta que el tío confesaba. Ni como la Ángela Lansbury,  la tía de “Se ha escrito un crímen”, que no podía ni ir a comprar el pan sin que mataran al repartidor, a la dependienta o a alguien que solo quería una chapata. Ni como Los cinco, o su versión francesa “Los seis compañeros”, que se dedicaban en el verano a joderle la vida a un pobre hombre que se buscaba la vida en la playa al grito de …”Hay patá frita, cacahué”….y al que acusaban de contrabandista por tener un par de bolsas a punto de caducar.

Joder, los seis amigos se llaman ahora…¿que va a ser lo siguiente? ¿Los seis del glory hole?  porque si no estaban jodiendo en la playa al de las patatas fritas, estaban en la nieve jodiendo al del telesilla.

 

Tal como estos, teníamos doce años, pero solo éramos cuatro. Cuatro chavales que habían ido en verano a las Merindades, al Valle de Manzanedo, concretamente, en el norte de la provincia de Burgos, y que tuvimos la mala suerte de tener como jefe de campamento a un flipado que había estado en las COES y al que se le ocurrió unilateralmente mandarnos cuatro días de supervivencia. ¿En qué consistía exactamente eso?, pues en irnos a tomar por el culo y no molestar, y en sobrevivir comiendo lo que pilláramos. Nos dio una lista de insectos, bichos y demás cosas que él decía que eran comestibles. Hasta nos dio un manual que nos decía como hacer sopa de ortigas, limpiarnos el culo con hierbas, etc, ….o era al revés, sopa de hierbas y…da igual, porque para esto nos vino el manual de puta madre.  Estos de las coes se creían muy duros, pero cuando le cacé unas moscas vivas y se las dí metidas en una caja de cerillas, para que fuera picando, me dijo que entre horas no acostumbraba a picar.

Los de operaciones especiales de la guardia civil, esos sí que eran la hostia,….Tenía un amigo que estuvo allí y me decía que salían 15 días de supervivencia y que caminaban constantemente, ….Yo, claro, le pregunté …..¿y no dormíais?….”Claro que dormíamos, pero sin dejar de caminar”….Por lo visto iban en fila india tocando con una mano el hombro del que los precedía, así y dormitando en el hombro del brazo extendido iban todos en pos del primero, que ese sí, despierto, llevaba una linterna y les guiaba. Luego hacían como los ciclistas en la contrareloj por equipos, y pasaban la linterna al que iba segundo y se dejaba caer hacia atrás hasta la cola y ahí se enganchaba a roncar hasta que le volvían a pasar la linterna. Tiene que acojonar encontrarte de esa guisa a una escuadra de picoletos, de noche, por el bosque…Aunque encontrártelos en la glorieta con el matasuegras y la piruleta acojona bastante también.  Preferiría darme de bruces con la Santa Compaña, o con la procesión del Cristo de los faroles.

Cualquiera que conozca el Valle de Manzanedo sabe que por allí hay mucha caza, mayor, pequeña y de todos los tamaños, pelajes y plumajes. Pero con la caza y la pesca pasa lo mismo que con la compra del súper…que vas a lo que vas, no a lo que te encuentres de oferta … Así que tuvimos que tomar la única determinación posible, quedarnos fuera del alcance de la vista de Azimuth y por la noche bajar y asaltar la tienda de campaña de las provisiones.

Le llamábamos Azimuth, porque un día nos hizo subir a una montaña…nos dijo…”vamos a aquél monte a tomar el azimuth”. Nosotros fuimos encantados, pero al llegar se puso a enredar con la brújula, y nada de nada. Y nosotros pensando que íbamos a tomar vermuth con aceitunas. Azimuth, ¡que cabrón¡, me pregunto, retóricamente digo, que habrá sido de aquél viejo boina verde….supongo que ahora será todo un viejo verde con boina. Para dos cosas que nos enseñó…que además jamás he puesto en práctica, ni lo haré, porque vamos a ver, a mí que me importa que el musgo siempre de al norte, excepto si me voy a Brasil, porque en el hemisferio Sur da al sur….no te jode …si voy al Brasil no tendré otra cosa mejor que hacer que mirar a ver a donde apunta el musgo, fijo. Además, que años después tuve un 4L , al que yo cariñosamente llamaba “la Yenka” y os puedo asegurar que el musgo que había en las ventanillas apuntaba a la “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante y atrás…1,2,3,” (bis).  Os parecerá esto que os cuento algo así como la peli “las albóndigas en remojo”, pero esto es bastante antes, antes incluso de Chus Norris, cuando todavía no era muy conocido y se llamaba Jesús Norris..

Estuvimos cuatro días a base de salchichas de Franfurt con colacao, porque con la nocturnidad confundimos el bote de la mostaza con el del Colacao. Además en frío, ya que eso de hacer un fuego frotando dos palos de churrero, pues oye, funcionará, pero las Franfurt en frío o en caliente están igual de asquerosas, y en frío te ahorras frotar dos palitos. No hagáis esto en casa, chavales, o sí, que cojones, así os váis acostumbrando, que falta os va a hacer. Ah. por cierto, si me vuelvo a referir a las puñeteras salchichas, voy a ser más ecuánime y llamarlas en lugar de Frankfort, de Viena, porque ya que en Franfurt dicen que son de Viena, y en Viena lo niegan y dicen que son de Franfurt, no voy yo a culpar a los alemanes desde el principio, como si fuese Colombo, que digo yo que los austríacos también tendrán que ver algo en lo que se refiere a la autoría del desaguisado. De donde seguro que no son es de por aquí. Aquí van atadas una a otra, como el grupo de operaciones especiales de la guardia civil, y en cada lugar nos gusta enorgullecernos de lo ricas que están nuestras salchichas.

Así, que como decía, éramos cuatro, Los cuatro “…….” ahí poned el adjetivo que os venga en gana porque nos valen todos, menos el de “fantásticos”. Principalmente porque no había ninguna tía, bueno, tal vez sí, pero como era la chica invisible …tal vez no la vimos. Y tampoco había antorcha humana, porque de haber…los cojones íbamos a frotar dos palos, Lo que si había era Cosa, y madre mía, que pedazo de chismes tenía la cosa del coso  aquél.

Pobre Sue, no solo porque fuese invisible, sino que vaya grupo….su marido que tenía la mano muy larga, otro que no hacía más que cosificarla y otro que se agarraba unos calentones impresionantes

 

Uno de nosotros, el que hizo el descubrimiento del que voy a hablar, el mismo que confundió de noche la mostaza con el colacao, se llamaba Valentín, y se seguirá llamando a no ser que en México, donde está ahora, se haya encontrado y ya no le haga falta llamarse.. Nosotros le llamábamos Balín, así, con B, no como apócope de Valentín, ni porque fuéramos semianalfabetos, y tampoco por el cantante de los Jefferson Airplane, sino porque el chaval era como un perdigonazo en los huevos. Nos conocíamos desde el jardín de infancia., incluso él me quitó el primer diente de leche…porque estaba yo con un pito en la boca, silbando, y Balín, que pito que ve, pito que quiere, me quitó el silbato y el diente se fue con él y mi futuro como árbitro también. Esa noche, como no tenía el diente, puse debajo de la almohada un trozo de queso y el ratoncito Pérez me dejó…. ¡un duro! …Bueno, a lo que íbamos…Balín era inquieto, solo eso, aunque hoy le diagnosticarían tantos TOC que tendrías que ir a abrir la puerta a ver quién cojones es el pesado que aporrea asi en nuestro dintel. Hostia, que se me hace muy tarde, mañana sigo, lo juro….además, si yo he estado 47 años sin resolver el intríngulis, bien podéis esperar hasta mañana…Ah, el título…lo voy a llamar…..”Hasta luego, cocodrilo”

Categories: Historia, Viajes por ahí

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía