Quien quiera guardar un secreto…

“En España, quién quiera guardar un secreto, que escriba un libro”. Ingeniosa frase, ¿no? Sarcástica y de una clarividencia tal que se podría pronunciar hoy en día sin necesidad de actualizaciones de ningún tipo. Si suprimimos las dos primeras palabras, que circunscriben el aforismo a una cierta zona geográfica muy concreta, la frasecilla adquiriría unos tintes universales impepinables. Y ganaría en verosimilitud sin perder un ápice de ironía.

Evidentemente su autor debe de ser un español,  aunque muy bien pudo ser Stendahl, que era muy dado a generalizar con todo lo que desconocía y aún más si se trataba de España o de su mujer. ¿Confucio? ..no sabía ni que existía España. ¿Pascal?, podría ser, ya que no dispone de coartada y ahora es un cajón de sastre en el que todo cabe. ¿Eskafandro? ¿el griego autor de la frase “El saber sí que ocupa lugar, que me lo digan a mí”? No, ese no, queda descartado, no porque no existiera, sino porque de haberlo hecho no hubiera tenido espacio en la cabeza ni para un solo aforismo más.

¿Acaso quiso Thomas Leeroy representar a Eskafandro?

 

Perogrullo, el que a una mano cerrada llamó puño, y nos dejó la perla esa de “A tocino sabes si te untan” era más conciso, desde luego, pero seguramente hubiera acabado la frase con un “a mí que cojones me cuentas, calatrava”.

El sospechoso número uno sería sin duda Jardiel Poncela.

Genial, corrosivo, audaz, desternillante, Un torrente inagotable , ¡qué digo torrente!…un río,…¡qué digo río! “coloso, pirámide,  catedral empalmada, río puesto en pie, “*, . Sin embargo tampoco se trata de Jardiel, más que nada porque sabemos de quién se trata, y si alguno piensa que debería haberlo dicho antes y dejarme de hostias, pues le ofrezco mis más sinceras disculpas, pero es que yo no había venido a hablar de la frase, es solo que llevaba dos horas delante del bloc de notas, en blanco y diciéndome…”venga, chaval, escribe algo, cualquier cosa, un tema que enganche, y entonces….pin pan, dándole que te pego, que si sí, que si no, y cuando te quieras dar cuenta ya tienes media cuartilla”.

Azaña, lo dijo Manuel Azaña, un auténtico devorador de libros, un caimán de biblioteca, un tío que de no haber vivido en esa época tan convulsa y aterradora hubiera sufrido menos convulsiones y pasado muchísimo menos miedo. Aquél que en el 32 decidió profesar y tomar el mandil, porque ¿”Donde se ha visto a todo un futuro presidente de la República Española sin mandil?

Aquél que ordenó a la Guardia de Asalto en Casas Viejas “los tiros…..a la barriga”, mientras años después escribía en su diario…” No quiero ser presidente de un país de asesinos”. Aquél que cuando el gobierno en pleno se fugó de Madrid a Valencia, con nocturnidad  -la alevosía viene ya de serie- huyó a Cataluña, y cuando se vio que no era tan inminente la caída de Madrid dijo que él se iba a Barcelona por estar más cerca de la pomada. Supongo que quería decir más cerca de la cerca. O tal vez “la pomada” en francés sea la frontera…”la pomade” qué se yo.. ¡Qué oportunidad perdió Don Manuel de legarnos una frase para la posteridad ante el pelotón de ejecución!, como sí hizo el dramaturgo Muñoz Seca, autor entre otras obras de “Los extremeños se tocan” y “La venganza de Don Mendo”, al que sacaron de la cárcel de San Antón y llevaron a Paracuellos del Jarama. Ante el maltrato sufrido por parte de los milicianos que le despojaban de cualquier cosa que llevara …”allí donde vas no te va a hacer falta de nada” le decían los socabrones  digo…los socarrones. La vida, como el teatro, no es más que un chiste con la gracia al final, debió de pensar Don Pedro, que se plantó y les dijo….”Me podéis quitar el reloj, me podéis quitar la cartera, me podéis quitar la vida , pero hay algo que jamás me podréis quitar…..” “¿Cual?, ¿qué cosa? preguntaron estos, ansiosos….y respondió Don Pedro….”El miedo que tengo”.

Y así se fue Pedro Muñoz Seca. Si le hubieran dado una pluma hubiera anotado entre paréntesis…(salgo haciendo mutis por el foro), y una más pequeña anotación diciendo “Cuando caiga el telón no aplaudan mucho, que no voy a poder salir a recibir los aplausos”.

Azaña también se fue, pero a Collonges (Francia). Ni siquiera los gritos del Dr. Negrín (que vuelvas aquí, traidor) le hicieron regresar…(que vuelva su puta madre).¿Será que fue allí por la fonética? ¿Acaso pensaba encontrar los suficientes “collons” en Francia? Ocho años sobrevivió a su puesta de largo en la masonería, a la que entregó todo. Nunca comprendió ni cómo ni cuando sus correligionarios le abandonaron, hasta que ofreciéndoles las bases de Cartagena y Mahón comprendió que las “potencias democráticas”, cómo él les llamaba, habían traicionado a la República, a la suya,… a él. Tuvo, si se puede decir así, la inmensa suerte de morir justo antes de que los alemanes llamaran a su puerta. Su miopía política, falta de escrúpulos, el exacerbado “patriotismo” hacia su persona, y el denodado interés por el bien común suyo, le llevó a sufrir cuatro años de sofoquinas constantes, agravadas en el último año y medio por continuas cefaleas, accidentes cardio-vasculares  y derrames cerebrales incluidos. Pero hubo algo que nadie consiguió quitarle, …el miedo que pasó. Un calvario, que sino llega a ser porque al mismo tiempo millones de españoles lo pasaron bastante peor, hubiese sido beatificado. Por decir algo bueno, fue un tío mucho más guapo por fuera que por dentro. Como Terminator.

*Ricardo, refirindose al Dr. Ceferino Bremón, en “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” de Enrique Jardiel Poncela.

 

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía