ENTELEQUIAS

Vivimos tiempos en los que nos apesadumbramos no tanto ya por los acontecimientos, como por el modo de encararlos, o más bien por la desidia con la que dejamos que los acontecimientos nos golpeen, y por la apatía que exhibimos a la hora de defendernos. El decir…¿qué nos ha pasado? ¿porqué no hacemos nada? …es lo normal, y el twitear “tenemos que salir a la calle y acabar con esto” parece satisfacer el sentimiento y la responsabilidad individual ante los desmanes del gobierno.
Los que no votaron al gobierno culpan a los que sí y se desentienden diciendo…”disfrutad lo votado”, y los que si votaron al gobierno se enrocan para bien o para mal en defender a un gobierno que a los primeros que traiciona siempre es a sus votantes, que además se dejan utilizar cuando su partido necesita que salgan a la calle. Estos no salen a la calle para exigir lo prometido, solo para obedecer las consignas del partido que a su vez no duda en volver a mentirlos. No sé qué es peor, si la oposición actuando como los partidos judaicos de” La vida de Brian” o los socialistas aborregados que creen que para combatir el fascismo deben apretar filas y preferir una dictadura de su partido que la de cualquier otro.
Toda esta masa de votantes, de un lado y otro, es lo que damos en llamar, porque aceptamos unos y otros en llamar así…opinión popular, o algunos más grandilocuentes en el empleo de la verborrea, curiosamente marxistas, gustan de llamar “soberanía”. “Una soberanía popular que se manifiesta mediante el voto en esa fiesta mayor de la democracia que son las elecciones”. Tremendísima estupidez, pero que no va a ser fácil erradicar, ya que se acepta como dogma y parece ser que se implanta en el subconsciente lateral del individuo de tal forma que requeriría una operación a cráneo descapotado y cerebro abierto de cinco horas de quirófano, o algo así.
Con la palabra “libertad” pasa lo mismo. Grandilocuente no ya por el sonido, sino por el significado. Libertad, que como la felicidad, forma parte de esos conceptos que más rápido perdemos cuanto más veces los pronunciamos y más rápido los perseguimos. Corremos como pollo sin cabeza en pos de una anhelada libertad llegando al punto de que si fuese necesario para correr más deprisa, nos desprendenos de ciertas libertades menores, como la libertad de prensa, la de reunión, hasta somos capaces de desprendernos de la libertad de expresión con tal de alcanzarla. Es fácil darse cuenta de que si la alcanzamos va a ser solo cuando lo hayamos perdido todo, y nos demos cuenta de que perseguíamos un holograma, y que por el camino dejamos desde el aliento hasta la dignidad.
Pero hay otro concepto aún más diabólico, que fue pergeñado por las oscuras y blancas pelucas pensantes para conseguir denominar al régimen político, social y económico existente en aquél momento , que una vez ultrapasado llamamos “Antiguo Régimen”. Por supuesto que al régimen resultante no fue necesario anteponer lo de Nuevo , porque al llamar a lo anterior antiguo ya se ofrecía clara la idea de que lo presente por fuerza ha de ser novedoso. Por lo tanto, mejor, positivo, indubitable. Y así debía de ser, porque se trataba de que en aras del progreso (ya, ya, del progreso exclusivo de sus planificadores, que oye, mira tú qué casualidades de la vida que se apellidaban igual que los que hoy promueven el Nuevo Orden Mundial. Curiosa también la coincidencia de que ahora no se llame a lo anterior antiguo porque al llamar a lo presente Nuevo, se sobreentiende que lo de antes era, caduco, obsoleto, insostenible, etc. ). Decía antes de este paréntesis tan largo , que así debía de ser porque había que convencer a la gente de que entrase voluntaria como mano de obra a trabajar hasta la extenuación, dejarse explotar impunemente, aglutinarse en ciudades y abandonar los campos y así no tener otro horizonte que no pasara por mantener como fuera el puesto de trabajo, y que el puesto estuviera ahí cuando regresaras de la guerra que tu nación sostenía en defensa de la soberanía, la libertad, la justica. Y esa palabra, ese concepto, en base al cual solo creció el número de bípedos que pululaba por ahí, siguió siendo el deseo de toda conciencia abrigada bajo boina, gorra, o sombrero que se las veía canutas para aguantar el ritmo de persecución. Todas las tropelías en nombre del marxismo se hicieron enarbolando esa bandera y que a día de hoy mientras creemos vivir instalados en ella, porque así nos lo dicen, lo creemos pese a que una simple mirada, solo con levantar un poco la cabeza sería suficiente, y así comprenderíamos que no, que ni la hubo, ni la hay, ni la habrá. Y esa palabra, o mejor dicho, esa entelequia, es lo que llamamos igualdad.
Lo malo de la igualdad es que creamos en ella y que la convirtamos en el prisma por el que hemos de mirar otros conceptos que no son entelequias, que son necesarios, perfectamente administrables y que no corren tanto. Ejemplo de eso es la Justicia, que aunque no infalible si tangible y necesaria, pero a la que usamos como tabla rasante para tener igualdad y solo conseguimos eso, tener una tabla en la mano. . Y me refiero a la justicia natural, adapta a la esencia del ser humano y al orden que nos rodea y al que nos forma. La justicia solo pierde valor y se entiende en muchos caso peyorativamente o incluso con miedo, porque esá corrompida por las entelequias en base a las que promulgamos las leyes. Pero ella en sí no es ninguna entelequia, al contrario. Sin embargo los igualitarios ven en ella no algo que ellos mismos desvirtúan, ya que no pueden entender eso, sino un escollo que impide que el coyote alcance al correcaminos. No es justo, pobre coyote. Pues lo siento, si es justo, tan justo que nunca le alcanzará, tan justo como la victoria de la tortuga sobre la liebre en la fábula de Samaniego, que alguno dirá que era de Esopo, y sí, pero como a mí Esopo me da IGUAL, se corrompe mi sentido e injustamente se la atribuyo a Félix de Samaniego, que para eso se molestó en copiarla. Si para que el coyote alcance al correcaminos y sean iguales hay que legitimar el uso de trampas ACME, pues oye, te habrás cargado la justicia pero seguirán siendo desiguales, en actitud hacia la vida , en intelecto, en ..joder en todo, porque es imposible, porque todo en el universo se rige por conceptos de desigualdad y así seguirá siendo, y todo está en su sitio. Utilizáis la igualdad para dejar de ser iguales un rato, el suficiente para igualaros a un status superior al que estábais. Y luego una vez conseguido el objetivo os volvéis mirando hacia abajo y gritando enardecidos “A ver, un poquito de por favor, que todos somos iguales”. O aquél que en su delirio por sobredosis de entelequias y armado de su tabla de rasero , el tablón del “relativismo” se atreve a tapar bocas a científicos, historiadores, etc, que mientras estos se dejaron los codos estudiando, el relativista se mueve como contraposición a una discusión perdida contra otro pazgüato. No son dañinos a ningún orden, joder, pero son como moscas cojoneras.
No es igual haber estudiado a no hacerlo, haber bajado a entrenar a haber bajado al bar, la cigarra no puede ganar lo mismo que la hormiga, no es lo mísmo tubérculo que vertuculo. Y a esas rameras acomplejadas que alaban la igualdad de género y no contentas con beneficiarse economicamente por el simple hecho de alzar la voz, decirles que vuestra puta opinión está a años luz que la opinión de una puta, a la que deberíais de reverenciar como a vuestra madre, que es ni más ni menos lo que es.
Y la opinión pública, la voz del pueblo, la justicia social (ya dije que cuando al término justicia se le mira a traves de entelequias o le adjetivas, apaga y vámonos) el sentir de la ciudadanía me lo paso yo por el forro de los cojones las veces que haga falta, subnormales. Pero cómo se puede tomar en serio algo tan manipulable, tan poco ajustado a la realidad como proporcional a la ignorancia, algo que ahora opina una cosa, mañana lo contrario, y pasado mañana cree que es necesario pensar algo nuevo y como no recuerda piensa como anteayer.¿cómo pretendéis revestir a la opinión del pueblo con un halo de infalibilidad tal ? Vuestra tiranía de tantos y de tontos, revolcándoos cual gorrino entre la demagogia y los eufemismos, es muchísimo peor y más cara que la tiranía de uno

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía