Los impostores: “Juan el encubierto” (1)

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Fuerte español de Santa Cruz, en Orán

     El hermano de todos, le gustaba hacerse llamar, pero en realidad hubiese preferido ser “el tipo de todas”.  En ese cometido no le fue  ni tan mal; desde luego fue “el tipo de muchas”. Podría parecer a bote pronto,  bien por la coincidencia en el nombre de pila, bien porque si algo nos gusta es aventurar, sin embargo mal,  porque no me voy a referir al mito de Don Juan, principalmente porque para entender bien al mito, y esto pasa una y otra vez inadvertido , para entenderlo bien hay que ser muy guapo, y no creo yo que con esa jeta que os gastáis la mayoría, seáis capaces de saber de qué va eso del donjuanismo. Además, Don Juan no es ningún impostor, y lo digo así, en presente, porque Don Juan es un mito, y como tal, sigue vivo. Este es Juan, sin el don, es un impostor como el cimborrio de una catedral, un pirámide, un río puesto de pie si se quiere, pero que su don no era otro que el de echarle al asunto unos huevos tan grandes como los del “pastelero de Madrigal”, que será el siguiente impostor del que nos ocuparemos en esta miniserie sobre impostores que inaugura “Juan, el tipo de muchas”, o más propiamente, “Juan el encubierto”.

     Rafael Martí de Viciana (Burriana; 1502 – Valencia; 1574), también le otorga el don del oportunismo,  «començó a tratar de las cosas según al gusto de los oyentes; era muy avispado y entendido, y hablaba muy a propósito, por donde entró en fama y crédito»…Como vemos, aparejados resaltan otros dones, don de gentes, don de labia, don de….donde puede uno observar que no llevaba el don delante, pero que tenía tantos detrás que bien se hubiera podido llamar…”Juan el donoso”. Ya puestos, si hubiera nacido en Crimea, podría haberse llamado “Juan, el donoso del Don”.

     El contexto histórico que nos envuelve es concretamente la Guerra de las Germanías, pero hay que decir que hasta el día de hoy no han dejado de salir impostores cada cierto tiempo, que encabezaron revueltas contra el poder establecido, que alumbrados más por el carpetovetónico “quítate tú pa ponerme yo”, sumieron y sumen y sumirán (joder, esto es casi tan difícil como conjugar el verbo asir*) a esta balsa de piedra amarrada a los Pirineos, en la rechifla al observador desinteresado y en la penitencia a sus moradores menos abyectos. Y esto viene siendo así desde el “oso” que mató a Favila hasta Pedro Sánchez.

     Antes de empezar a atiborraros con datos y datos de la biografía del pájaro este convenía que reflexionemos un poco…..¿ya está? ¿ya hemos reflexionado?…pues comienzo.

     No tengo ni puta idea de donde nació, ni en qué año, ni como se llamaban sus padres, ni nada de nada. Ni siquiera sé cómo se llamaba él, nadie lo sabe, salvo quizás la Wikipedia.

     Desde 1509, Orán, en Berbería, había pasado a manos castellanas. Fue el Cardenal Cisneros el que ideó y convenció a la Real Persona, Fernando el Católico, de la importancia de hacerse  con la plaza, que estaba fuertemente defendida y artillada. En realidad lo que convenció a Fernando fue el compromiso del Cardenal a sufragar a cuenta de su pecunio, o peculio que es más correcto, …bueno, ….de su propia viruta, y en su totalidad,  la aventura de Orán . Así que este se encargó de todo y designó a uno de los mejores soldados del Gran Capitán, el navarro, Pedro Navarro, que era del valle navarro del Roncal, navarrico él. Decir solo, para avanzar un poco más rápido, que el botín fue enorme y que Pedro Navarro no respetó el acuerdo con el Cardenal, y repartió el botín por entero entre los integrantes de la expedición, sin darle al Cardenal la parte que le correspondía, que era el gasto desembolsado al plantar a 22.000 soldados y casi cien barcos a las puertas de Orán.  Algo así no se financia todo los días.

     -“El que quiera peces…..”, debió de pensar Navarro, el caso es que como tomó posesión en nombre de su Majestad Católica, el Rey apartó a Cisneros de toda idea de revancha y, las cosas como son, el Cardenal, se tuvo que conformar con organizar eclesiásticamente los territorios conquistados, lo que es de suponer que no le daría rédito ninguno, ya que estamos en Berbería.

     Aunque la flota y la dieta fuese de carácter Mediterráneo, muchos de los capitanes y tripulaciones de las galeras eran del norte peninsular, en su mayoría vascos, montañeses y navarros, así que los comerciantes que llegaron a Berbería solían tener procedencias similares. Tal es el caso de Juan de Bilbao, vizcaíno, y me atrevería a asegurar, aunque se desconoce, que era del mismo Bilbao, Bilbao. Si tuviéramos el dato de si se afeitaba con espuma o sin espuma…..casi que sin, casi que con…yo creo que sin. Para el lector que no conozca el más famoso chiste de vascos, quizás lo ponga al final, no sé, ya veremos.

     Pues iba Juan de Bilbao, mercader, camino de Orán, cuando conoce a un pájaro con un pico de oro, al cual, como buen mercader que era, solo le vio ventajas y lo cogió inmediatamente a su servicio. “Soy experto en compraventa de lo que sea, lo mismo le vendo un artículo, que le vendo una herida, que le estirpo un forúnculo, pues se albergan en mí los conocimientos de medicina inherentes a mi estirpe. Escribo y leo y hablo en castellano, árabe y hebreo, pues soy judío y crucé con mi padre a Berbería en 1492, cuando el edicto de expulsión. Puedo enseñar idiomas a sus hijos así como encargarme de los tratos de usted cuando tenga que viajar, y tendrá usted siempre en mí, a un admirador, un amigo, un esclavo y un siervo”, esto último lo dijo 450 años antes antes que lo dijera Jose Luis López Vázquez en “Atraco a las tres”, jajaja.

     “Y a un fiel eunuco”, tendría que haber exigido Juan de Bilbao, que antes de aceptarlo a su servicio debería de haberlo castrado con dos tejas.

     A los cuatro años de trabajar para el vascongado, nuestro amigo ya hacía las transacciones, se encargaba de la tienda que el vizcaíno tenía en Orán y atendía, también, a la tendera, la mujer de Juan de Bilbao. Todo ello en nombre del mercader, que pasaba largas temporadas en Castilla.

     En uno de los regresos a Orán del mercader, hasta se atrevió a solicitar de este, el ser bautizado como cristiano usando el nombre de Juan de Bilbao, “si le concedía ese honor, a este humilde servidor que quiere con ello tan solo reverenciar aún más a la persona que tan bien se portó” y bla, bla, bla. Ya tiene nombre nuestro impostor, Juan de Bilbao, aunque este si se afeitaba, seguro que usaba espuma, ya que no era del mismo Bilbao, Bilbao.

       Este tipo de cosas responden a una ley milenaria, no escrita, pero que se basa en principios elementales y viene a decir “si te estás trajinando a la mujer del prójimo en su ausencia, e intentas ocultarlo, saldrá a la luz pública de un modo indirectamente proporcional a tu implicación real en el asunto”….Por lo que se deduce, que Juan el impostor, al ser acusado de triscarse a la mujer y también al hijo de Juan de Bilbao, es que era más inocente que un kilo de masilla.

     Pero no lo vio así el mercader, que si por las moscas, y habiendo muchos moros en la costa de Berbería, optó por prescindir de los servicios del impostor por secula seculorum. El cómo solventó el vizcaíno la cuestión de la “honra”, es un misterio. Aunque no llevara, el vasco, colgada al cinto la espada ropera toledana nada más que de adorno -tal como hoy se lleva, por ejemplo, la corbata-, y aunque esta, su espada, fuera más tímida y recatada “doncella” que propensa a desnudarse, las imposiciones sociales hacían muy difícil el vivir con tamaña cornamenta.  La justicia se hizo cargo del impostor y el vizcaino se quedó solo gritando, “soltadme , que mato un tío”.

     Continuará en otra entrada, y ya aviso que lo que viene es asombroso y el verdadero motivo por el cual estamos aquí hablando de Juan el encubierto, que a mí me importa tres cojones que se haya  beneficiado a toda la familia de Juan de Bilbao, que si no hubiera sido él, hubieran sido otros, como es muy posible que aconteciera. No, lo que hizo después el tiralevitas, es digno del primer puesto que yo le otorgo entre la multitud de impostores que han caminado, reptado o montado en bici (aquí, empezando por Armstrog y siguiendo por Induráín no se libra ni Bartali,… bueno, Bartali sí) en la historia de la humanidad. Y ojito, que en la siguiente entrada, Juan se viene para la península, y con muy mala hostia después del escarnio del cual fue víctima y sobre todo, por los cien latigazos que le propinaron en el lomo..

*Vamos a suponer que te han regalado una ristra de chorizo lebaniego, y tienes que ir a por ella, pero quieres usar el verbo “asir”…..conjuguemos pues en presente de indicativo, para qué complicarnos…Yo aso chorizos…(ya empezamos mal, porque al que lo oye se le hace la boca agua sin olerlos )…tu ases chorizos…(seguimos mal, es como una esperanza que tengo en que cuando llegue a tu casa me des de merendar, “espero que ases chorizos”, o en sudamérica es que tienes una máquina de hacer chorizos y estás dándole que te pego a la manivela “asiendo” chorizos) bah, vamos a dejarlo, mejor, para qué vamos a usar el verbo “asir” teniendo ahí el verbo “trincar”. Solo da idea de lo que es realmente, si vamos unos cuantos y ….en la primera persona del plural…vamos nosotros y asimos los puñeteros chorizos, pero se los van a comer los acompañantes, así que mejor …conjuga los chorizos en singular, y para casa, que llueve.

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía