José de Escandón (2)

El dominio que todos los pueblos originarios del Nuevo Santander demostraban poseer sobre este instrumento de cuerda, bien se podría calificar de virtuosismo. Estoy hablando claro está del arco, pero no del arco del violín, sino del arco flechero. Era algo que aterrorizaba a los españoles o novohispanos. De nada valían los mosquetes, que aparte de hacer mucho ruido y no tener ninguna precisión, entre carga y carga te habían puesto el torso, a flechazos, como el alfiletero de mi abuela. Y siempre daban en el blanco, los jodidos. Creo que de ahí debe de venir la expresión…”dar en el blanco” .porque daban, joder que si daban. Ante tal perspectiva se imponía hacer algo, y hacerlo ya.

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Indios comecrudo en Reynosa

Se organiza un concurso de ideas, y, por desgracia, no se conocen las que se desecharon, una lástima, pero sí las que pusieron en práctica. Habida cuenta que el problema no era el arco en sí, sino la endiablada destreza que con él tenían, y la cadencia de disparo, que en el peor de los casos era siete veces superior a la del mosquete, se imponía y de una vez por todas encontrar la manera de contrarrestar o al menos minimizar los daños.

Desde 1492 se habían enfrentado a muchos indios flecheros y lo habían solventado sin mayores problemas, pero con estos indios bocaprietas, comecrudos, y demás tribus, no había tu tía. Se adoptó como una solución perfecta esto que voy a decir a continuación, que demostrará mejor que mil palabras hasta que punto unos eran buenos con el arco, y otros, no digo quién, no eran más tontos porque no entrenaban. Aprovechando los tiempos de paz y sosiego se decidió proveer a los naturales de los mismos mosquetes que usaba la milicia, “todos, que no quede ni uno sin su palo de fuego, total, nosotros no acertamos a un burro a tres pasos, poco más harán ellos, y de paso les reducimos la cadencia de tiro unas siete veces”. -“Y además”, discurrían ellos, …”así les hacemos dependientes de la pólvora y cuando queramos hacer una mariscada, zas, suprimimos los envíos de pólvora, y será coser y cantar”….” Cantar no sé si fue, ¿pero coser?..ufff….a flechazos que les cosieron…La mariscada les salió más cara que si hubiera sido de bogavante y langosta en el Chiqui de Santander. Pero no, una mariscada era como llamaban los españoles a una incursión rápida en poblados de indios hostiles para traerlos en colleras y meterlos directamente a las minas.

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Indios Tamaulipas

Conviene aquí hacer un inciso y aclarar una cuestión que es clave en todo este asunto. La pregunta es….¿cómo es que los españoles, que los doscientos años anteriores, quién más quién menos pero generalmente, habían cumplido con las leyes promulgadas por Isabel la Católica con respecto al trato dado a los indios, verdadero y primer manifiesto hecho sobre los derechos humanos, y, ahora, de repente, se liaban a hacer mariscadas al puro estilo factoría inglesa, francesa u holandesa? ¿Qué había cambiado?, ¿Ya no eran los naturales tan súbditos del rey como lo era cualquier fulano de Calasparra ?

La respuesta es que sí, en teoría. Pero en la práctica mucho habian cambiado las cosas. La guerra de sucesión al trono de España, trajo a los borbones, verdadera desgracia para españoles, novohispanos y nativos americanos. Querían factorías, colonias y esclavos, no querían provincias ni súbditos. Tantos años desde Francia observando con envidia la prosperidad de la América española que ahora, constituídos como la nueva dinastía gobernante y no sabiendo con seguridad el tiempo que estarían, estaban dispuestos a forrarse en el mínimo tiempo posible, fomentando así el malestar entre unos y otros. Sabido es por los españoles, que aún nos toca sufrir a esa ralea, esa gentuza y a su prole, esos hijos de mala madre, a los que salvo ellos, les importa todo tres cojones. La verdad es que si hubieran perdido los borbones la guerra y hubieran ganado los “austriacistas” nos hubiera ido a todos posiblemente peor, ya que los austriacistas no eran otros que los ingleses. Pobre España, siempre jugando a la ruleta rusa con el tambor del revólver casi lleno, o peor aún, con una automática.

Escandón fue el artífice del programa piloto de esta nueva política. No trato de justificarle por eso, para nada, optaban varios a ser los encargados de “pacificar” a los indios del seno mexicano y lo eligieron a él.

Cada vez que hablo de estos tíos, me invade la tristeza. Mejor voy a hacer un repaso somero sobre las tribus, pueblos y naciones que habitaban el seno Mexicano, ah, casi me olvido, y continúo despues del inciso con la siguiente estrategia que implementaron los españoles a la vista de que lo de darles los mosquetes no sirvió para que abandonaran el uso del arco flechero.

Como decía, de nada sirvió armarles y darles pólvora, salvo para ocasionar varios malentendidos que costaron vidas a unos y a otros. Solían usar los mosquetes para sus mitotes, que eran unas fiestas en las que se empeyotaban a base de bien, y danzaban y gritaban,y como les hacia gracia el ruído de los mosquetes, los diparaban. Y claro, con el ruido, el colocón, los gritos y toda la vaina esa….los españoles se temían un ataque inminente y eso provocó varios enfrentamientos en las que tuvieron los indios las de perder al estar ellos a su bola en su mitote y ser pillados por sorpresa. Sus mitotes no eran ni brujería ni zarandajas de esas, era algo normal para ellos y no significaba el preludio de ningún ataque. No eran como los mitotes de los comanches, que ataban a sus víctimas cerca de una hoguera, y bailando en círculos al son de los tambores en algo parecido a las sillas musicales, en determinado momento, el que pasaba por tu lado te arreaba un bocado en el lomo, de tal calibre el mordisco, que arrojaba un trozo de carne, escupiendolo hacia el fuego y una vez tostado se lo comía.

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Mitote comanche

Otro aspecto a tener en cuenta era el humor con el que estos “salvajes” se tomaban las cosas. Acostumbrados por los franciscanos a ciertas costumbres peninsulares, como el bautismo y el apadrinamiento, llegaron adoptar algunas de ellas, pero a su manera. No era extraño que si les caías bien te pidieran permiso para poner a sus hijos tu nombre, lo cual, normalmente el español interpretaba como que poco a poco se doblegaban las voluntades, y así es fácil encontrar a muchos indios con nombres como Pedro José, Luis Mariano, Rafael, Ambrosio, Jose Mari…..(¿será este último el famoso indio Jose Mari al que le ponen un calzoncillo y dice….indio Jose Mari fuerte, pitilin fuerte, calzoncillo plas…luego le ponen uno de madera….y dice …indio Jose Mari fuerte, pitilín fuerte calzoncillo plas….luego uno de acero y dice…indio Jose Mari fuerte, calconcillo fuerte, pitilín plas?…jajajajaja, lo siento, me lo contaron cuando tenia unos siete años y aún me acuerdo)…Bueno, pero también si les caías mal, y aquí está la gracia, te pedian permiso para usar tu nombre, por eso también era normal encontrar perros que se llamaban Luis Felipe, Carlos José, Ricardo, jajajaja, es cierto, como hay dios….Es como el perro de Isco, que se llama Messi.

Los españoles, que aún no habían encontrado el modo de contrarrestar el arco, elaboraron una estrategia más a largo plazo y que tenía visos que de ponerse en práctica, bien puesta, el resultado en poco más de una década debía convertir a los arcos en nada más que una molestia soportable. Y entonces sí, entonces las mariscadas serían como ir a una verbena o a un bautizo. El proceso mental para llegar a adoptar tal estrategia fue más o menos como sigue……”A ver”….¿”en qué estriba principalmente esa habilidad que tienen los condenados en poner la flecha en donde les sale de los cojones”? …..Todos sabían la respuesta, estaban hartos de ver a los niños de diez años jugando alegremente con lo arcos y ensartando pájaros en pleno vuelo del tamaño de un gorrión peninsular y al primer intento. …..- ¿”En el entrenamiento que tienen desde pequeños”?….dijo uno indeciso………”Muy bien…exacto, esa es la clave de su endiablada puntería,…..entonces la solución al problema que nos acucia…sería”?……- ….¿”matar a los niños”? dijo otro……-” Hostias, no seas burro, Gutiérrez, no, joder…..quitarles los arcos, prohibírselos, y así de mayores serán tan hábiles con los arcos como lo somos nosotros”. Y ahora, querido lector, si es que sigues ahí, créeme porque esto es lo que pasó…

Se pusieron todos a incautar los arcos a todo chaval que veían con un palo y una cuerda aunque fuera una caña de pescar. No tardaron en llegar las quejas de los padres, qué lógicamente preguntaron…..”¿Porqué ahora les quitáis los arcos a los niños?”……La respuesta fue de lo mejor que he escuchado en la vida……….-“Porque matan a los pájaros”…..jajajajaja, ni que decir tiene que la táctica no sirvió de nada.

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Arriba, antecesor de los dragones de cuera. Obsérvese toda la protección que llevaban encima, necesaria para paliar en lo posible el daño producido por las flechas, tanto a jinete como a caballo. Los españoles a caballo tenían una posibilidad, ya que los chichimecas, jonases, comecrudo, etc, no solían usar el caballo. Normalmente se lo comían, porque así adquirían sus virtudes, resistencia, velocidad, potencia….Además, en el terreno escarpado en el que les gustaba moverse a la hora de presentar batalla no les serviría de mucho el caballo.

Cuando surgieron los Dragones de cuera, se les añadió al armamento una lanza y un escudo. Estaban armados hasta los dientes….espada ancha, espada corta, escopeta, dos pistolas, escudo o adarga, arco y flechas y lanza. La cuera era su prenda característica, que estaba hecha de siete capas de cuero de búfalo y que pesaba unos diez kilos, dando una protección perfecta contra las flechas, que de seguro les alcanzarían. Cada compañía de Dragones estaba formada por solo 16 indivíduos y se acuartelaban en los presidios, por lo que también eran llamados, caballería presidial. Los presidios era el nombre por el que se conocían los fuertes de los españoles.

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Planta del Presidio de Tubac, en Arizona

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Adarga de los Dragones de cuera

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Dos adargas y una cuera presidial, sitas en el Museo del Ejército en el Alcázar de Toledo.

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía