D. Joao II (3ª Parte)

El día 7 de mayo de 1487 dio por comenzado el viaje, saliendo de Santarem. pero pasando primero por Lisboa a depositar la mayor parte de los 400 cruzados que les habían entregado, en manos del judío florentino, Bartholomeu Marchioni, para serles entregado después una vez llegados a Valencia.. Este oscuro sujeto, cuya residencia se encontraba en Lisboa y del que no existe apenas información, se había enriquecido con el comercio de esclavos, y tenía, digamos, un testaferro en Valencia, el también florentino Cesare de Barchi, en aquéllos momentos el mayor traficante de esclavos de occidente y que acababa de vender 2007 negros, de la etnia woloff*. Marchioni todavía se haría más rico invirtiendo en el comercio posterior de los portugueses con las indias orientales, y también como armador de barcos y con el comercio que Madeira y las Azores mantenían con Sevilla.

Carabela Portuguesa

Imagen de una carabela portuguesa, en la que podemos apreciar en lo alto del palo mayor el caralho, o caralho da vela, que era así como se llamaba al canastillo ese en el que iba el vigía. No había lugar menos deseado que ese, ya que el movimiento del barco se quintuplicaba allí arriba, de ahí que cuando alguien no cumplía con sus obligaciones, o simplemente caía mal,. se le decía….”Vai pra o caralho”. o vete al carajo, porque en España era exactamente igual y eso se llamaba carajo. De ahí la expresión. Rodrigo de Triana le debía de caer gordo a Colón.

 

Es de suponer que al llegar a Valencia fuera el mismo Cesare de Barchi o alguien por él delegado el que les devolviera los casi 400 cruzados que depositaron en mano de su jefe en Lisboa. Con todo el dinero en su poder se trasladaron de Valencia a Barcelona en barco, con la esperanza de encontrar allí pasaje en algún navío que se dirigiese para Alejandría. Llegaron a Barcelona el día de San Juan, 24 de junio de 1487.
Allí se embarcaron con el capitán español Bartolomé de Paredes, pero que a juzgar por la derrota que llevaron, debía de tratarse de un navío fletado por el mismo D. Joao, ya que se dirigieron a Nápoles para recibir nuevamente dinero, en esta ocasión, en un banco de los hijos de Cosmo Medici, florentinos también.
Sin demorarse demasiado, siguieron viaje con Bartolomé de Paredes hasta la isla de Rodas, que por aquél entonces era la sede de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, cuyo gran maestre era Pedro de Aubusson.

En la isla se encontraban dos caballeros hospitalarios portugueses que los acogieron, y que les aconsejaron buscarse una buena excusa para llegar a tierra de los moros y no levantar sospechas. Hay que tener en cuenta que en aquéllos tiempos desconocían por completo el placer del turismo, nadie viajaba sin un porqué. Sin él, y sin remisión, habrían sido descubiertos. La otra opción, no exenta de peligro, era la de hacerse pasar por frailes de alguna órden, ante lo cual prefirieron el ser mercaderes, que además les permitiría no tener que ocultar su nacionalidad, ya que el hecho de ser portugueses no incomodaba por el momento a los moros. Tendrían tiempo para cambiar de opinión al respecto, como así ocurriría escasos años después.
Decididos, y después de cambiar su aspecto intentando parecerse en lo posible a los comerciantes que iban y venían al puerto de Alejandría, compraron un gran cargamento de miel y así llenaron el rapidísimo barco de Bartolomé de Paredes, ya que ahora no era tan primordial la velocidad como lo fue en el primer tramo del viaje, para evitar el caer en manos de los piratas berberiscos.
Cuando abandonaron Rodas, ninguno imaginaba que a la isla le quedaban tan solo veinticinco años bajo el dominio de los Caballeros Hospitalarios de San Juan, y que pasaría a manos del Sultán otomano Solimán el Magnífico en 1522, eso sí, a costa de unas pérdidas en hombres terribles. La clave de la caída de Rodas fue la “traición” de los venecianos, que se aprestaron a firmar un acuerdo con Solimán, en el que se comprometían a no ayudar a Rodas, como anteriormente habían hecho, beneficiándose de la permisividad otomana en su comercio con oriente. También el hecho de que España se encontraba en guerra con la Francia de Francisco I decidió a Solimán, sabiendo que ese era el momento para poner sitio a la Isla y no tener que preocuparse de posibles refuerzos, como le pasaría años después en el sitio de Malta, en el que la llegada de los españoles en el momento culminante, le ocasionó su más agria derrota.

 

García Álvarez de Toledo y Pimentel

García Álvarez de Toledo y Pimentel, cuya llegada por sorpresa junto a 9.500 españoles , y después de hacer una chacina con las agotadas tropas turcas, levantó el sitio de Malta.

En el momento, más o menos, en el que se encontraban en Rodas Pedro da Covilhá y Afonso de Paiva, partía de Lisboa Bartholomeu Diaz con dos carabelas, la São Cristóvão y la São Pantaleão, junto a una nave de apoyo y abastecimiento. La primera iba pilotada por, Pero de Alenquer, y la segunda por Alvaro Martins. También iban dos hombres y cuatro mujeres, de raza negra, que serían los encargados junto a varios frailes de la labor puramente proselitista encargada por D. Joao, y que con ropajes excelentes e igualmente bien alimentados debían propagar las bondades de los portugueses y la suerte de quienes con ellos se toparan. Como podemos ver, D. Joao lo tenía todo planeado, incluso ya había decidido quién sería el encargado de inaugurar la futura ruta comercial, Estevao da Gama, el padre de Vasco. Solo estaban a la espera de las noticias de Bartholomeu Diaz, y sobre todo, de los informes de sus escuderos, Pedro da Covilhá y Afonso de Paiva.

 La llegada a Alejandría fue un desastre absoluto, pero no por ninguno de los motivos que eran de esperar. Unas fiebres de las que enfermaron ambos nada más poner pie en tierra, a punto estuvo de costarles la vida. Tal fue así, que, los dieron por muertos, y según una costumbre que se había hecho ley, en la que a cualquier comerciante que muriera sin dejar consignada la mercancía a un hijo o hermano, exclusivamente, le serían intervenidas sus pertenencias por el Nahib de Alejandría, convertido en único heredero legal. Así es como se quedaron sin el cargamento de miel, aunque, aun no restablecidos del todo de las fiebres y después de varios litigios, consiguieron al menos una retribución económica, que si bien no cubría el valor de lo decomisado, al menos les permitiría salir de aquél lugar insalubre cuanto antes y dirigirse a El Cairo, la siguiente etapa de su viaje, y la siguiente y última entrada sobre el tema.

*Woloff, grupo étnico que se corresponde o tiene partes integradas en las actuales Senegal, Guinea-Bissau. Gambia y Mauritania. También se llama Woloff al idioma, pero en este caso me refería a el Imperio Woloff, o Jolof.

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía