D. Joao II (2 parte)

Sevilla, mediado el siglo XV, era la ciudad, que si faltaba poco para que se convirtiera en la más opulenta, poblada e importante del mundo conocido, ya llevaba tiempo siendo la ciudad más violenta. Lo que allí ocurría escapa a toda comprensión, y la magnitud de los sucesos era tal, que propició que allí se congregara lo peor de toda Europa en busca de un rápido enriquecimiento. Caballeros, hidalgos, rufianes, matasietes y perdonavidas,  pululaban por allí en busca de que uno de los dos bandos contratara sus servicios. Los Guzmán contra los Ponce de León. Se dice que el conflicto entre ellos comenzó durante el asedio a Gibraltar, en la rivalidad que ambos líderes de facción tenían. El Conde de los Arcos, D. Rodrigo Ponce de León, intentó adelantarse e hizo una intentona nocturna de entrar en la plaza, ya prácticamente rendida, lo que indignó al Duque de Medina-Sidonia, Don Enrique de Guzmán.

Allí, en esa Sevilla es donde encontraremos a Pedro de Covilhá, militando en la facción del Duque, y metido en unas guerras y batallas urbanas, saqueos, incendios, combates de lo más farragoso, que no dieron a la ciudad ni un solo día de descanso, ni un día sin muerte, durante tela de años. Se dice que en una ocasión los dos bandos pelearon hasta la extenuación, dándose muerte allí donde se encontraban, y que acabó a los cinco días de lucha, por el total agotamiento de los contendientes. Por lo tanto, los siete u ocho años que Pedro de Covilhá permaneció en Sevilla nos dicen que hablaba perfectamente el castellano y que a la vez era un individuo que se sabía valer de la espada.
     No lo quiero presentar como a un Yojimbo*, ya que militó en la facción de los Guzmanes todo el tiempo. Era este de origen tan humilde como desconocido. Se sabe que nació en la villa portuguesa de Covilhá, allá por la Serra da Estrela. El hecho de no disponer de un apellido de familia es lo que nos dice que fue allí en busca de fortuna, y que le fue más o menos bien, ya que cuando en diciembre de 1474 falleció el rey de Castilla, Enrique IV de Trastámara, pasó a Portugal ante la inminente guerra entre los dos reinos**. Lo hizo nada menos que en calidad de Mozo de espuelas del mismísimo D. Juan de Guzmán, siendo ascendido a escudero al pasar al servicio del rey Alfonso V de Portugal, padre de nuestro Joao II. Estuvo con este desde su entrada en España con un ejército de 20.000 hombres y asistió en Plasencia a la proclamación de Alfonso y Juana como reyes de Castilla, estuvo en el avance sobre Toro, Zamora y Burgos, y finalmente en la debacle de Alfonso en la batalla de Toro en 1476. En esa batalla estuvo presente el entonces príncipe D. Joao, manteniendo su ala sin sufrir descalabros e incluso tomando cierta ventaja, y con él, en calidad de escudero se encontraba Afonso de Paiva, el que sería el compañero de viaje de Pedro de Covilhá. Fue en esa batalla donde ambos se conocieron, sin embargo no fue hasta la muerte de Alfonso V cuando el de Covilhá pasó al servicio del nuevo rey D. Joao II. Saltaremos en el tiempo lo que fue el peregrinaje por Francia de Alfonso, la derrota y muerte de Carlos el temerario, duque de Borgoña que dejó obsoleta la alianza de Portugal con la Francia de Luis XI, y la huida del rey, sin rumbo fijo y avergonzado, negándose a regresar a Portugal. También las cruentas batallas en las que D. Joao II se envolvió, en su afán de pacificar el reino y de acabar con cualquier disidencia, asunto ese que trató sin la menor indulgencia, ayudado de la perfecta red de espías de la que disponía. Uno de los más destacados, y que cumplió sus cometidos a la perfección, fue, como no, Pedro de Covilhá, que se había ganado ya la confianza del monarca.

 

Screenshot_11Screenshot_12

Ya va siendo hora que nuestro país hermano ponga en su lugar la figura de D. Joao II. Ignoro el hecho por el que allí se le conoce como “el rey tirano”, mientras en el resto del mundo se le llama “El príncipe perfecto”. En cualquier caso está claro que es víctima de una leyenda negra que habría que revisar, ya que si no esta en el monumento a los descubridores, el principal artífice, el que mostró a Portugal el camino a seguir, el que ideó y llevó a cabo un hito semejante. No merece quedar en el olvido. Es de justicia. Esa es la fachada oeste, pero la que viene a continuación es la este, y tampoco está….increíble. Sin embargo está su padre, Alfonso V, que no tuvo nada que ver, y que quedó tan abrumado por los acontecimientos en los que se vio envuelto que decidió un día, cambiarse de ropa, escaparse él solo y perderse por los montes a ver si se le tragaba la tierra….eso sí que….merece un aparte.
     
     Iremos directamente al momento en el que D. Joao II, hace saber a los dos escuderos, Pedro de Covilhá, y Afonso de Paiva, lo que de ellos espera y son estos informados del carácter de la misión. Se especula sobre si estos conocían todos los entresijos del plan de D. Joao II, pero es de esperar que solo conocieran la parte que correspondía específica y concretamente a sus órdenes, bien por seguridad o bien porque el saberlo no les ayudaría en nada a llevar a buen término la empresa. Eran sabedores, eso sí, de que la existencia o no del reino del Preste Juan, no era más que una coartada, en todo caso un objetivo de segunda fila, en el que insistió Don Joao por el simple hecho de no levantar sospechas sobre el hecho de que viajeros portugueses anduvieran por aquéllos pagos, informándose de todo, recibiendo órdenes sobre el terreno y coordinándolos con otras expediciones que saldrían después, de mayor empaque y ya con capacidad operativa. Sin embargo, los dos escuderos, serían la punta de lanza, los ojos de D. Joao, y sobre quien recaía la responsabilidad del éxito o fracaso del ingenioso, audaz, y temerario plan del que sería conocido en el futuro como “El Príncipe Perfecto”. 
     Lo curioso es que D. Joao solo visualizaba el objetivo, la parte final del plan, que no era otro que el de arrebatar a Venecia y a quién hiciera falta, el monopolio de las especias. Para conseguirlo reunió a la gente más capacitada del reino en casa de  Pedro de Alcaçova…..allí estaban el Obispo de Tánger, D. Diego Ortíz, que también era cosmógrafo y capellán de D. Joao, el maestre Moysés y el maestre Rodrigo, dos de los mejores cosmógrafos del momento, judíos, y que en el caso del maestre Rodrigo, conocido como el maestre José una vez se bautizó, había participado junto a Martinho Behaim en la construcción del más eficiente y moderno astrolabio que se podía encontrar. En esas reuniones secretas se sabe que construyeron una Carta de Marear, que aunque no ha trascendido y no sabemos cómo era, se supone a raíz de los resultados que debía de ser bastante fidedigna, teniendo en cuenta las lagunas que aún existían, ya que los portugueses en esa fecha aún no habían atravesado todavía el ecuador y acababan de llegar a las costas de Guinea. De todos modos no se puede creer que si hubieran sabido lo lejos que aún quedaba el Cabo de Buena Esperanza se hubiesen echado atrás o hubieran abandonado la pretensión de llegar a las indias, habida cuenta del carácter y la determinación que esta gente tenía. Se trataba al fin y al cabo de la misma gente que había rechazado la propuesta de Colón,  que después este expuso a la reina católica. Evidentemente rechazaron el plan de Colón, no por inviable, sino porque era contrario a los intereses de Portugal, y a lo convenido en el Tratado de Alcaçovas, firmado en septiembre de 1479, que dejaba la exploración atlántica para Castilla.
     También se encontraban allí los dos escuderos, Pedro y Alfonso, aunque en el caso de Pedro de Covilhá, y durante los años que duraron los preparativos, se ausentó en dos ocasiones, enviado por el rey a la costa de Berbería, concretamente a Tremecén, y al poco de regresar fue enviado con otra misión, digamos diplomática, a Fez, el reino perteneciente a una rama de los Beni-Merin.
     Tremecén era conocida como la Granada del Maghreb, la ciudad de las mil fuentes, rodeada de frutales y de una riqueza abrumadora. Famosa por la elaboración de alambeis, unos lienzos de algodón. Resulta difícil creer que Pedro de Covilhá fuese allí a establecer relaciones comerciales y hacerse pasar por comerciante de alambeis. Se desconocen los verdaderos motivos del viaje, aunque tendrá más que ver, posiblemente,  con el asegurarse el flanco ante la muy posible intervención de los castellanos, como así ocurrió treinta años después en el que el independiente y floreciente reino de Tremecén pasó a ser un estado que rendía vasallaje a Castilla. 
     Al poco del regreso de Covilhá a Portugal, fue enviado de nuevo, como ya se dijo, a Fez, pero esta vez se hizo pasar por comisionado del Príncipe de Beja, con el encargo de comprar caballos. Solo D. Joao sabe el verdadero motivo que propició cualquiera de los dos viajes, lo que sí es cierto es que le vino de perlas para poner en práctica los conocimientos que ya tenía de árabe, lengua que llegó a dominar, como ya la dominaba anteriormente su compañero de viaje…Afonso de Paiva, con quién nada más regresar del Maghreb se puso a trabajar en la coordinación de los tiempos y de los lugares en los que tenían que estar y encontrarse con frailes, judíos y agentes del rey, que a su vez pasaban la información con la que coordinarían el viaje de Bartholomeu Diaz con la misión de doblar África por el sur.
     Y ahora nos metemos en la parte más asombrosa de lo que fue el plan de D. Joao, en la que mueve a todos sus peones, sus espías, entre los que encontramos multitud de mujeres, religiosos, y su labor proselitista y propagandística como nunca antes se vio en la historia, que fue desde el Canal de Mozambique hasta el cuerno de África, de tal modo que cuando Vasco de Gama tocaba en las aguadas cualquier punto de la costa Indica de África, era aclamado, con palabras en portugués, que le dejaron perplejo aunque conociera los detalles pequeños del plan. Claro está, en los lugares en los que había llegado el oro portugués, donde no, eran apedreados, lógicamente. Pero esto ya será en la siguiente entrada, en la que nuestros dos amigos escuderos iniciarán el viaje, saliendo desde Lisboa hasta Valencia, donde tenían pensado embarcarse, y se hicieron el viajecito hasta levante…a pinrel, …todo a pinrel, claro, no podía ser de otro modo, como así fue…en el caso de Covilhá, hasta la costa malabar…..bufff. 
* Yojimbo (1961), la película de Akira Kurosawa, protagonizada por Toshiro Mifune, en la que un ronin alquila su espada a dos facciones rivales de un poblado, pasando de servir a un señor, a servir al otro, con total naturalidad y acabando con todos ellos. Sergio Leone hizo un remake no autorizado, protagonizado por Clint Eastwood…”Por un puñado de dólares” (1964).
** Se trata de la guerra entre los partidarios de Juana “La Beltraneja” y los de Isabel. El testamento de Enrique IV reconocía a Juana como hija, y la legitimaba así como heredera del trono de Castilla. Alfonso V y casi toda la nobleza portuguesa la apoyaron. También los hermanos Téllez Girón, y el Marqués de Villena, Juan López Pacheco, y el Arzobispo de Toledo, que apremiaron a Alfonso a abrazar la causa de Juana y hacer valer sus derechos.

 

a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía