Everest

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Esa era la nueva vía que pretendían abrir este pasado mayo Dennis Urubko y Alexei Bolotov, por la cara suroeste del Everest, su vertiente nepalí. Nadie lo había intentado antes, y dos cordadas, de amigos, aunque rivales para la ocasión, lo iban a intentar casi al mismo tiempo. Ueli Steck , suizo, y Simone Moro, italiano , por un lado, y por el otro el kazajo Dennis Urubko con el ruso Alexei Bolotov.

Excepto Moro, los otros tres intervinieron con todas sus energías en el intento de rescate del navarro Iñaki Otxoa de Olza en el Annapurna. No lograron salvarle la vida, pero Ueli Steck llegó al menos para pasar la última noche con él, y  la pasó entera derritiendo hielo con la boca al haberse acabado los cartuchos de gas. Cuando estás sin oxígeno, a punto de morir por hipoxia o de edema cerebral, la abundante ingesta de agua te mantiene vivo algo más de tiempo, mientras llega la caballería. La caballería era Urubko, que cargado al igual que los butaneros de antes, con las bombonas de oxígeno en este caso, llegó cuatro horas después de la muerte de Iñaki. Los equipos movilizados días antes que Urubko, ni llegaron. Quiero decir que lo de Dennis Urubko fue toda una proeza. Todo esto se ve en el documental “Pura vida”, de cuya parte final saqué a la banda de rusos tocando “Soul Bossa Nova”, de Quincy Jones.

Alexei Bolotov “Soul Bossa Nova”

Esto está grabado tres meses antes de la muerte de Bolotov, cuando se iba al Everest. Es el que sale al final aplaudiendo.

Lo de Ueli Steck sí que no tiene nombre….es especialista en escalada en velocidad, por lo tanto en solitario. Las expediciones al Eiger (El ogro, en alemán) tardaban hace cincuenta años unos  cinco días, y él lo ha subido en dos horas y cuarto. Sin equipo, ni mochilas ni cuerdas, solo a picotazos con un par de piolets, y corriendo como si hubiera visto al “espanto en las alturas”.

Precisamente por este motivo, pensaba yo que la cordada Steck-Moro tendría problemas añadidos a la altura, el frío, el desnivel y a la ley de Newton, que si no fuera por esa caprichosa ley  ya me había subido yo por la vía murciana al Naranjo de Bulnes. Y es que una cordada tiene que estar más unida que un matrimonio de la posguerra. Les conviene a los dos,  y la vida de uno está en manos de la del otro. Moro entrenó más que nunca, y Steck se prometió a sí mismo (no se creyó), que tendría presente el espíritu de cordada en todo momento.

La otra cordada me daba más garantías de éxito. La de Urubko-Bolotov. Se trataba del top 4 de los himalayistas y yo viví esos días entre abril y mayo de este año 2013, supongo que de la misma manera que si hubiese  podido asistir a los preparativos de las expediciones británica y noruega enfrascados en la carrera por ser los primeros en llegar al polo sur… o sea, a mi bola,  en casita, haciendo un poco de esto y un poco de lo otro, sin cansarme demasiado, y expuesto a las temperaturas extremas de una lata de cerveza, que me gusta bien fresquita. Eso sí, atento por internet. Por eso me sentí muy mal el día 15 de mayo, cuando me enteré de que era la primera vez que se me olvidaba  en toda mi vida comprarle un regalo a mi madre el día de su cumpleaños, ya que nació el día de San Isidro.

Alexei Bolotov, sosteniendo una foto de Iñaki Otxoa de Olza.

De la muerte de Bolotov me enteré a los dos días, pero fue el 15, cuando, incomprensiblemente, y sobre los 5.600 metros de altitud, en una pendular o carrera perpendicular a la pared, de esas que nunca suelen revestir mayor problema, una arista de roca afiladísima le cortó el cordino, precipitándose 300 metros  al vacío. Sentí mucha pena sobre todo por su mujer, a la que había visto en el documental, y la verdad, a ella nadie le quitaba de la cabeza que cada vez que se iba, era la última vez que lo vería. Y por sus padres, que dependían económicamente de él. Estos tíos, y más lo rusos y kazajos, no ganan dinero con lo que hacen, y Bolotov bien se podía haber metido en el circo himalayístico que  hay montado en las inmediaciones del Everest y haber ganado más pasta en un año que en toda su vida, como  guía de las expediciones comerciales que pagan hasta 30.000 pavos por barba por hacerse una foto lo más cerca posible de lo que parece la cumbre. Me quedé sin tabaco…

 

!!!UELI STECK muere mientras de climataba en el Everest,…….

30 de abril de 2017

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a ver si lo configuré bien y se puede comentar, que por lo visto no se podía